Tras una década sin volver al deporte de sus amores, Ricardo “Choyo” Méndez Fernández regresa a las canchas con la misma motivación que lo impulsó a promover la selección de futbol de la Universidad del Mayab; una de sus mayores satisfacciones
Por Eduardo Cabrera Ruiz
La fotografía no daba pie a dudas: se publicó apenas el 7 de junio pasado en las páginas del Diario de Yucatán y en dicho artículo se mostraba la inauguración del estadio Carlos Iturralde Rivero, insigne personaje del futbol nacional.
Tras el festejo de apertura, un día después, un grupo de estudiantes de la Universidad del Mayab acudirían a su cita, a un costado del enorme coloso inaugurado por Víctor Cervera Pacheco; para jugar un partido en contra de un equipo de la colonia, perteneciente a la liga de futbol Kukulcán.

El encuentro era para defender la camiseta del equipo que nació gracias al impulso de nuestro estimado compañero Ricardo “Choyo” Méndez Fernández, cuyo entusiasmo deportivo y su insistencia motivaron que los sacerdotes de la Congregación de los Legionarios de Cristo; sentaran las bases del primer equipo deportivo de la Universidad en una liga formal.
Exitoso empresario de la industria pesquera y egresado de la escuela de Administración de la Unimayab , como se le conocía en aquel entonces, Ricardo sostiene lo que ha dicho en innumerables ocasiones: “mi origen, destino y final estará permanentemente ligado a las canchas de futbol del Colegio Montejo y del Centro Universitario Montejo.”
Recordó que tras terminar la preparatoria en el CUM y luego de atesorar numerosas victorias en la Liga Champagnat decidió no seguir jugando en la liga para impulsar la formación de una selección de futbol en la recién creada Universidad del Mayab. La sola idea, dijo, se antojaba como una misión imposible al principio.
“Teníamos buenos jugadores, yo había detectado que había buenos talentos y empecé a insistir con el Pbro. L.C. Salvador Fernández Jiménez (secretario académico de la Universidad) casi todo el año de 1985; hasta que en 1986 me recibió el rector, el Pbro. L.C. Carlos Villalba Talavera, para formar el equipo. No había mucho presupuesto, nos decían, y hasta me pidieron un presupuesto aproximado”.
El Choyo no se desanimó y por el contrario, con la ayuda de Jorge “Escoba” Canto Ureña inició el reclutamiento de los jugadores. Su impulsividad, lo llevó incluso a contactar a la gloria del deporte yucateco, Don Carlos Iturralde Rivero para pedirle que entrenara al primer equipo de la Universidad y con el apoyo de las autoridades de la casa de estudios privada, logró que se aceptara su petición.
Con recursos propios, logró costear los primeros uniformes y gracias a las gestiones de Iturralde Rivero se pudo inscribir al equipo a la Liga Kukulcán de segunda fuerza.
“Yo sabía que eso le iba a dar un gran peso a la selección. Necesitábamos un impulso y don Carlos accedió cobrando algo meramente simbólico mientras él regresaba a entrenar al futbol profesional, eso fue un logro que no esperaba conseguir,”-recordó.
Con la memoria intacta para recordar a cada uno de sus compañeros, el Choyo describió como para el ciclo escolar 1986-1987 la selección de la Universidad del Mayab quedó integrada por estos jugadores: Eduardo Cabrera Ruiz, Juan Ortega (portero) Jorge Garrido, Ricardo López, el Coatza, Armando Chami, Enrique Godoy Bibiloni, Armando Piña, Ricardo Rosado, Ricardo Méndez Fernández (Capitán), Miguel Menéndez Cámara (q.e.p.d), Alejandro Abud Bujaidar, entre otros.

Recuerda que la selección realizó un papel decoroso, a pesar de numerosos vericuetos como el mantenimiento de las canchas, los pagos a la liga, el seguimiento a los entrenamientos y el mejoramiento de la técnica de los jugadores que dos veces a la semana acudían a entrenar a partir de las 15 horas en las canchas y en los alrededores del parque de San Juanistas.

Para el siguiente ciclo escolar, relató, las cosas fueron mejor pues don Carlos Iturralde tuvo otros compromisos y nos dejó a David “El Huevo” Cervantes, (q.e.p.d.); quien imprimió nuevas técnicas de competitividad y se reforzó el equipo con nuevas adquisiciones.
Para el ciclo 1987-88, el equipo estuvo formado por: Jorge Canto Ureña, Ricardo Rosado Trujeque, Mauricio Achach, Juan Pablo “El Pollo” Monforte, Enrique Vales, Armando Chami Lizarraga, Juan Ortega Joaquín, Jorge Solís Buenfil, Franco Sáenz, Armando Ramos, Mauricio Arcila y Víctor Toledo; y en ocasiones reforzaron su hermano Jorge y Pedro Pablo Abraham (q.e.p.d.). Cabe recordar que también iba a los entrenamientos Carlos “Calín” Sáenz Castillo, quien seguía jugando en la Liga Champagnat.

Ricardo comenta que ese año y por gestiones del hermano marista Benjamín “Don Chemo” Gómez López logró inscribir al equipo a la Liga Champagnat, dando el equipo un nuevo salto en competitividad.
-En las gestiones para inscribir al equipo, don Chemo me lanzó una advertencia: “Choyo, ya sabes como son las cosas acá en la liga, al primer for-fit del equipo, los elimino para siempre”.
Sin embargo, eso no pasó. En esta ocasión, recuerda, la Universidad del Mayab nos apoyó con uniformes sublimados de la firma Le Coq Sportif; algo impensable en esos años pues fueron traídos directamente de la Ciudad de México, pues acá no existían. Los entrenamientos se intensificaron y el equipo empezó a dar mejores resultados.
En ese punto, Ricardo “Choyo” Fernández recuerda el invaluable apoyo de Fernando Lorenzo, Director General Académico en la Universidad del Mayab de 1986 a 1994.
-Fernando Lorenzo nos animaba, pues él fue testigo de cómo se dejaba todo en la cancha por el nombre y reputación de la Universidad. Sabíamos que éramos la mejor, pero valió la pena el esfuerzo y durante todo el proceso, creo que disfrutamos mucho esta etapa profesional,-indicó.
El equipo entonces ya contaba con lockers, vestidores y regaderas detrás de la cafetería atendida por la señora Matilde Madáhuar; lo cual, dijo, era parte de las negociaciones con la directiva de la Universidad. Viendo crecer la organización deportiva el “Choyo” se atrevió a lo impensable:
“En un punto intentamos conseguir las primeras becas deportivas para algunos amigos del CUM que yo sabía de su gran competitividad y capacidad deportiva. No se pudo, allá sí las cosas se complicaron y no hubo para más”,–reconoció.
Se dice que la Pasión es un sentimiento intenso y apasionado, una fuerte inclinación o deseo por algo o alguien, que puede manifestarse como entusiasmo, amor, afición, o incluso sufrimiento.
En el caso del Ricardo “El Choyo” Méndez; el fútbol ha sido, desde pequeño una afición que lo ha hecho transitar por todos los equipos y categorías posibles cuando “lo único que importaba eran las rayas”, -al referirse al uniforme de las distintas selecciones en las que ha participado. Sería ocioso mencionarlas, basta revisar los anuarios del CUM para atestiguar el cúmulo de triunfos.
Esa pasión sufrió una pausa por diversos motivos, incluso familiares y laborales y la dejó dormida por un espacio de 10 años, explicó.
Ahora, pasando la frontera de los 50 años, posee uno de los grandes lujos a los que un montejista puede aspirar: seguir jugando en la liga Champagnat con viejos amigos de batallas y compañeros de aulas escolares: Pedro Cámara Manzanilla, Alberto “Tarolas” Cárdenas, Carlos “Calín” Saénz Castillo y teniendo como entrenador a Pedro “Huachobo” Aguilar Argáez.

Y como no podía ser la excepción, apenas en diciembre pasado el “CUM Rojo” el equipo se coronó campeón en la categoría de 52 y Más, de la Liga Champagnat.
-Hay cosas que no cambian. Cuando estás en la cancha de manera natural surge el instinto competitivo, es como si tu cuerpo ya supiera qué hacer apenas pisa la cancha, los movimientos para cubrir, avanzar, ganar el balón, gambetear, pasar y ubicarse en el pasto son casi automáticos, pero los años pasan y ahora hay que ser prudentes, pues ya no estamos para lesiones,-admitió.
Ricardo, le preguntamos, en aquella época sacrificaste seguir jugando en la Champagnat como el resto de algunos de tus compañeros para promover un equipo universitario, nuevo, incluso con varios sin mucha experiencia. ¿Tuviste conciencia del impacto que eso tuvo para quienes no eran tan expertos o no tenían suficiente técnica?
-No, sin embargo, fue una gran experiencia de la que no me arrepiento, -.aclara. En el fondo creo que aplicábamos las enseñanzas de don Carlos Iturralde para fomentar esa “amistad entre patadas” y sobre todo el compañerismo y sacar adelante la camiseta, creo que pasamos buenos momentos, -dijo.
Los recuerdos de aquella etapa no se han disuelto del todo. Ricardo “El Choyo” Méndez, recuerda que la Mérida de aquella época era muy distinta y parece reconocer que la generación de la década de los ochenta era una generación que por lo general tenía que remontar en todo, propiciar que las cosas pasen, y que pasaran bien de principio a fin.
-Esa fue la herencia de nuestra formación marista, y tuvimos la fortuna de contar con hermanos en las aulas y maestros que nos indicaron la manera en la que el deporte debe tomarse en nuestras vidas.
Aquel himno del pasado, “La Gloria por la Victoria, en el Deporte y la Hermandad” hizo mella en su generación, pero Choyo es más enfático:
…” Cuando yo ya no esté en este mundo, he pedido, he comentado y he dicho que mis cenizas, de alguna manera deberán descansar en las canchas de futbol maristas, no hay otro modo que yo tenga de afirmar mi sentido de pertenencia”,-expresó.
Sin duda alguna, muchos desconocen esta etapa en la vida de nuestro compañero Ricardo “Choyo” Méndez que tocó a varias personas y les ayudó a formarse en la Universidad.
Y nos hace recordar que él es uno de los mejores jugadores de la vida, y como decía el ilustre Carlos Iturralde Rivero en las canchas de la Mayab en una de las frases que lo caracterizaba y nunca se olvida: “a veces, como en la propia vida, el mejor jugador de futbol no es el que mete el gol, sino el que da pone todo para llegar al objetivo”.
(Nota del autor: la abundancia de apodos en el presente artículo y en los pies de fotos fueron únicamente con fines ilustrativos y nemotécnicos y no representan alguna opinión o postura sobre los mismos sobrenombres)
















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